Un análisis de la situación política de la Argentina según el pensamiento de Ricardo D. Martín, periodista, escritor y editor, director de Revista “Veme”. Propone construir una alternativa superadora de los partidos y alianzas que se han alternado en el poder desde hace 10 años a través de una red que llama “Parlamento Popular”.
En el laberinto
Por Ricardo D. Martín
“En el segundo semestre se comenzarán a ver resultados claros del trabajo llevado a cabo por el gobierno”, dijo Macri a poco de asumir su mandato. El asunto es que el segundo semestre llegó cuatro años después y el resultado fue la derrota en las elecciones. “Es por acá”, no se cansó de repetir, sin aclarar por dónde era y adónde se llegaba. En el camino se extraviaron promesas claves, como “pobreza cero” y “terminar con la inflación”.
“Volvemos para ser mejores” prometieron los otros, admitiendo al fin que no habían sido buenos antes. «Quiero que Cristina vuelva pero sin los corruptos y los hipócritas», deseaba Juan Grabois, líder social vinculado al Papa Francisco, ratificando las archiconocidas conductas deshonestas y engañosas de los que se proponían volver pero mejores, eximiendo de culpa, curiosamente, a la jefa de los hipócritas y corruptos.

“En el último mandato de Cristina es dificilísimo encontrar algo virtuoso», había sentenciado Alberto Fernández en diciembre de 2015. Dijo también: “Si Cristina revisa las cosas que dijo, debería rectificarse en un montón de cosas; llegó a decir que Alemania estaba peor que nosotros en materia de pobreza…”. Poca cosa, comparado con la acusación cierta que formuló con relación al acuerdo con Irán: sostuvo que Cristina había cometido el delito de encubrir el atentado. Sin esfuerzo aparente, desvergonzado, fue acomodando esas incómodas declaraciones luego de que la destinataria de aquellas diatribas le concediera el honor de encabezar la fórmula presidencial.
Ya presidente, con igual descaro, continuó con el ejercicio de mostrar su desacuerdo consigo mismo: “cada palabra de Alberto Fernández desmiente las palabras de Alberto Fernández”, ironizó alguien sobre su permanente auto-refutación. El asunto es que ahora no se trata de palabras, de opiniones, sino de acciones de gobierno.
La cuestión es que aquellos a quienes elegimos para que arreglen lo que está desarreglado agravan la situación o en el mejor de los casos lo dejan como estaba.
¿Y nosotros? “Vos votaste a Macri”, acusa alguien a otro y este retruca: “vos votaste al kirchnerismo”. “Se robaron un PBI”, se decía antes de los de ahora y se dice ahora de los de antes.
Empate. ¿Empate? Perdemos todos.
Frustración ante el fracaso de quienes fueron elegidos para escapar de lo de antes; desaliento ante la alquimia electoral que posibilitó el regreso de aquello que parecía haber quedado en el pasado.
Desamparo. Una gran parte de la ciudadanía independiente, dispersa, huérfana de referentes auténticos, de modelos éticos, de ejemplaridad, no encuentra cauce para esa energía republicana que se manifiesta en las calles, que resiste a la mediocridad, a la especulación política, a la corrupción, a la prepotencia, a la incapacidad de poner al país de pie.
Un laberinto. ¿Hay salida? Se ha dicho que de un laberinto se sale por arriba.
“Por arriba” es continuar persiguiendo la utopía de construir una alternativa independiente, con gente de a pie, de pie.
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